miércoles, 20 de mayo de 2009

Rincones castellanos (12): edificio modernista con dragones




Hoy @Maria@ me ha enviado esta fotografía para compartir en este rincón con todos vosotros. Y me ha hecho doble ilusión: en primer lugar por saber que a pesar de que últimamente tengo algo abandonado el blog todavía algunos seguís pasando por aquí para ver si hay algún nuevo Rincón Castellano; y en segundo lugar porque me encantan los edificios modernistas (a ver si hago alguna entradilla al respecto un día de estos...).

Y sí, no sólo hay en ciudades como Barcelona, París o Bruselas sino que aquí mismo en Castilla-León también tenemos algunos bonitos edificios del que la fotografía es un ejemplo... ¿alguien adivina dónde está?

lunes, 11 de mayo de 2009

Rincones castellanos (11): Plaza mayor




Esta semana la fotografía es del ayuntamiento de un conocido municipio castellano que tiene una forma curiosa de dar las horas.

jueves, 7 de mayo de 2009

Títulos de crédito de las películas




He leído en el blog de cine del periódico El Norte de Castilla, Desde la Butaca, un curioso artículo sobre los títulos de crédito de las películas. Sí, esos que si son al final de la película muchas veces no esperamos a verlos o si son al principio y estamos en casa, nos saltamos entre que nos sentamos y no.

En dicho blog, destacan 5 títulos que consideran merecen un Oscar:
- Crueldad Intolerable (2003, los hermanos Cohen)
- La habitación del pánico (2002, David Fincher)
- Spiderman2 (2004, Sam Raimi)
- El Señor de la Guerra (2005, Andrew Niccol)
- Atrápeme si puedes (2002, Steven Spielberg)

Yo de esos, me han gustado especialmente los de Spiderman 2 (que por cierto, me han recordado a los de Flash Gordon que casualmente vi hace poco) y los de El Señor de la Guerra.

¿Recuerdan los títulos de crédito de alguna otra película que merezcan la pena?

Yo ahora mismo no me doy cuenta de ninguno, pero si se me ocurren ya los comentaré...

martes, 5 de mayo de 2009

Personas ordinarias y extraordinarias (fragmento IV)



- (...) Yo no sostengo en absoluto que las personas extraordinarias deban irremisiblemente y tengan la obligación de cometer siempre todo género de desmanes, como usted afirma.
(...)
Yo aludía simplemente a que la persona “extraordinaria” tiene el derecho... o sea, no un derecho oficial, sino un derecho propio, de saltar por encima de ciertos obstáculos, y aun eso tan sólo en el caso de que así lo exija la realización de una idea suya, en ocasiones salvadora, quizá, para toda la humanidad.
(...)
A mi entender, si los descubrimientos de Kepler o de Newton, por los motivos que fueran, no hubieran podido ser conocidos, sino a costa del sacrificio de una persona... o de diez, o de ciento, de cuantas usted quiera poner... que fueran un estorbo para esos descubrimientos o que se alzaran como un obstáculo en su camino, Newton habría tenido el derecho, incluso la obligación, de eliminar a esas diez o a esos cien personas para hacer llegar sus descubrimientos a la humanidad entera. Lo cual no significa en modo alguno que Newton tuviera el derecho de matar a diestro y siniestro a quien quisiera o de robar a diario en el mercado. Hay más: recuerdo haber expuesto luego en mi artículo que todos... por ejemplo, los legisladores y los rectores de la humanidad, empezando por los más antiguos y siguiendo con los Licurgos, los Solones, los Mahomas, los Napoleones y demás..., todos sin excepción, fueron delincuentes aunque sólo sea por el hecho de que, al promulgar una ley nueva, violaban la antigua venerada por la sociedad y legada por los padres y, desde luego, no se detenían antes la efusión de sangre, si es que la sangre, a menudo totalmente inocente y derramada con valor por la ley antigua, podía serles útil.
(...)
Por lo que se refiere a mi diferenciación de las personas entre ordinarias y extraordinarias, estoy conforme en que es algo arbitraria. Yo sólo creo en mi idea cardinal; a saber: que los seres humanos en general se dividen por ley natural en dos categorías: una inferior (los ordinarios), o sea el material, digámoslo así, que sirve únicamente para la reproducción de su especia, y otra compuesta por los que tienen el don y el talento de decir algo nuevo en su medio.
(...)

- Y... ¿cree usted en Dios? Disculpe si soy indiscreto.


¡Vivir, como quiera que fuese, pero vivir! (fragmento III)



"A la mañana siguiente se despertó tarde, tras un sueño agitado que no lo había descansado. Se levantó bilioso, irritado, de mal humor, y consideró su habitación con odio. Era una jaula minúscula, de no más de seis pies de largo, y tenía un aspecto miserable con su papel amarillento y lleno de polvo colgando en jirones de las paredes.
(...)
Le dió el golpe precisamente en la mollera, a lo que contribuyó la baja estatura de la víctima. Enseguida, le hirió por segunda y por tercera vez, siempre con el revés del hacha y siempre en la mollera. La sangre brotó cual una copa volcada, y el cuerpo se desplomó hacia delante en el suelo. El se echó atrás para facilitar la caída y se inclinó sobre su rostro: estaba muerta. Las pupilas de los ojos, dilatadas, parecían querer salírsele de sus órbitas; la frente y la cara muequeaban en las convulsiones de la agonía.
(...)
¿Donde he leído -pensó Raskólnikov prosiguiendo su camino-, dónde he leído lo que decía o pensaba un condenado a muerte una hora antes de que lo ejecutaran? Que si debiera vivir en algún sitio elevado, encima de una roca, en una superficie tan pequeña que sólo ofreciera espacio para colocar los pies, y en torno se abrieran el abismo, el océano, tinieblas eternas, eterna soledad y tormenta; si debiera permanecer en el espacio de una vara durante toda la vida, mil años, una eternidad, preferiría vivir así que morir. ¡Vivir, como quiera que fuese, pero vivir! "